El Día Internacional de la Mujer

Los regímenes de seguridad social abordan los efectos de las megatendencias en materia de género

La comunidad mundial celebra el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo. El tema de 2017 para el Día Internacional de la Mujer es “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”. Conscientes de la necesidad de cambio, muchos regímenes de seguridad social nacionales han tomado la iniciativa de integrar la dimensión de género en la concepción y financiación de regímenes de seguridad social sostenibles.

La dinámica cambiante de las tendencias a largo plazo en los ámbitos de la demografía, la familia, el matrimonio y los cuidados, así como en el mercado de trabajo, influye constantemente en los regímenes de seguridad social. Estos cambios se han hecho más pronunciados en los últimos decenios.

Lógicamente, los responsables de las políticas y los administradores de la seguridad social deben prever más eficazmente la trayectoria futura de estas tendencias y asegurar, de este modo, la puesta en práctica de regímenes de seguridad social más eficaces y sostenibles.

Las consecuencias financieras de estas tendencias son significativas, pero las instituciones y los responsables de las políticas de seguridad social también han de tener en cuenta las consecuencias relativas al género al elaborar las políticas y determinar el acceso a las mismas. En un contexto en el que se ha reafirmado el compromiso internacional para garantizar una seguridad social para todos, la idea de que los regímenes de seguridad social modernos deben incluir a todos los hombres y mujeres es acepada.

Una de las preocupaciones de los directivos de la seguridad social es que, en términos globales, la protección social de la mujer es uno de los mayores desafíos en lo que respecta a la brecha en la cobertura de la seguridad social, dado que, en general, las mujeres siguen enfrentándose a unos niveles de vulnerabilidad más altos que los hombres. Por ejemplo, el problema del trabajo informal y sus consecuencias en la cobertura de la seguridad social, es un rasgo característico de las economías en desarrollo, si bien las economías desarrolladas no son ajenas a este problema. Además, la segmentación de género en los mercados de trabajo tiende a afectar más a las mujeres que a los hombres.

Sin embargo, se están realizando progresos. De hecho, muchos países están adaptando sus regímenes de seguridad social a las diferentes necesidades de las mujeres y de los hombres.

Las investigaciones llevadas a cabo por la AISS (2017), ponen de manifiesto que los enfoques innovadores en materia de diseño y financiación de los regímenes de seguridad social, han logrado trasladar el foco del diseño de muchos regímenes más allá de la visión convencional de la familia tradicional con un solo cónyuge, normalmente el hombre, que sustenta a la familia, y el otro, normalmente la mujer, a cargo.

Estos cambios se ven impulsados por diversos factores o megatendencias a largo plazo, cuya intensidad varía en función de la región y del contexto cultural, así como su repercusión en los regímenes de seguridad social. Está claro que los responsables de la planificación estratégica en materia de seguridad social no deben ignorar la evolución de las tendencias al definir los objetivos en materia de cobertura:

  • Los cambios demográficos, en particular las cada vez más bajas tasas de fecundidad y el aumento de la esperanza de vida (si bien con variaciones en la mejora de la esperanza de vida sana), combinados con las crecientes tasas de participación de la mujer en el mercado de trabajo, son factores determinantes de las estructuras familiares y de las funciones asignadas a cada género.
  • Los modelos de familia y de matrimonio están cambiando, puesto que las personas cada vez esperan más para casarse y tener hijos, hay menos matrimonios y más divorcios, y ha aumentado el número de niños que crecen en hogares monoparentales, en los que, con frecuencia, el cabeza de familia es una mujer.
  • Los mercados de trabajo siguen estando muy segmentados y afectados por la distinción de géneros. Si bien, cada vez más mujeres tienen empleos remunerados, estas perciben salarios más bajos, lo que les impide acceder a prestaciones de seguridad social adecuadas. Las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar en empleos informales, a tiempo parcial, temporales u otros tipos de empleos precarios, así como de interrumpir su carrera. Los motivos de estas diferencias son variados y complejos. Por ejemplo, en las economías emergentes, las mujeres tienen más dificultades para acceder a la educación y a la formación, y se ven, por lo tanto, penalizadas en el mercado de trabajo y en el ámbito de la seguridad social. Sin embargo, en los países desarrollados, la desigualdad salarial por razón de género persiste a pesar de que las mujeres en general tienen un nivel de educación más alto.
  • Los cuidados, tanto formales como informales, se caracterizan por ser uno de los sectores con mayores diferencias por razón de género. Si bien la visión del papel del hombre en la familia está empezando a cambiar en algunas partes del mundo, las mujeres siguen encargándose de la mayor parte de los cuidados, tanto remunerados como no remunerados.
  • Las tendencias de las enfermedades no transmisibles, así como de los problemas que afectan a la salud mental, están condicionadas por las diferencias de género.

Una seguridad social que tiene en cuenta las cuestiones de género

Para conciliar la vida laboral y la familiar, y garantizar a todas las personas un acceso adecuado a la seguridad social de tal manera que se tengan en cuenta las diferencias de género, es necesario buscar respuestas y perseguir los objetivos establecidos de forma activa. Estos incluyen los siguientes:

  • Extender la cobertura de forma eficaz. Esta cuestión afecta tanto a los países en desarrollo como a los desarrollados, donde las mujeres tienden a tener empleos y a trabajar en sectores que son más difíciles de cubrir, han de superar obstáculos considerables para poder acceder a ellos y, por lo tanto, tienen más probabilidades que los hombres de tener salarios más reducidos y una cobertura de seguridad social escasa o inexistente. Estos obstáculos pueden ser jurídicos (por ejemplo, en el caso de los trabajadores a tiempo parcial excluidos de la seguridad social) y/o efectivos (falta de acceso). Una de las medidas posibles para eliminar estos obstáculos es fortalecer las prestaciones no contributivas o universales, como las transferencias monetarias, las pensiones sociales u otros regímenes basados en la solidaridad, que desvinculen las prestaciones del mercado de trabajo.
  • Establecer prestaciones de seguridad social adecuadas. La carrera de las mujeres tiende a ser más corta y a verse interrumpida con mayor frecuencia, lo que puede tener una repercusión muy seria en el derecho de la mujer a percibir prestaciones de seguridad social y en la idoneidad de las mismas, especialmente en los sistemas de jubilación contributivos vinculados a los ingresos. La idoneidad de las prestaciones también se ve afectada negativamente por las diferencias salariales entre hombres y mujeres, que con frecuencia son considerables, y por la postura que se adopta en algunos sistemas de sustituir las prestaciones de los cónyuges por derechos individuales a las prestaciones. Entre las medidas que se consideran para reformar los regímenes contributivos se encuentran la reducción de los períodos mínimos de calificación y la modificación de las fórmulas de cálculo de las prestaciones para excluir los años con bajos ingresos, así como la concesión de créditos en los períodos de servicios prestados sin pago de cotizaciones.
  • Satisfacer la cambiante y creciente demanda de cuidados. Los problemas demográficos, las tendencias de las enfermedades no transmisibles y de la salud en general, el aumento de la tasa de actividad de la mujer y la evolución de los modelos de familia implican el aumento de la demanda de cuidados formales en todos los países. Las “cadenas mundiales de cuidados” destacan el carácter interrelacionado del problema de la “escasez de proveedores de cuidados” y el papel de la mujer en este ámbito. El equilibrio entre los cuidados formales e informales sigue constituyendo un reto; sin embargo, los regímenes de seguridad social están encontrando maneras de invertir en infraestructuras de asistencia, proteger mejor a los proveedores de cuidados, adaptar las características del diseño de los regímenes para reconocer y valorar los cuidados e incentivar el reparto de la responsabilidad de dichos cuidados. Además, cuando estos se proporcionan de manera informal, lo cual sucede aún en una proporción abrumadora, es necesario que la protección de la seguridad social garantice la continuidad de la cobertura y respalde la idoneidad de las prestaciones. Dos medidas que se pueden aplicar para solucionar esta situación son los créditos en términos de cotizaciones y las asignaciones por cuidados.
  • Reconocer que las estructuras familiares están evolucionando. Los regímenes de prestaciones deben adaptarse a las necesidades de un número cada vez mayor de familias y estructuras familiares “no tradicionales”, como las familias monoparentales, las familias en las que ambos progenitores trabajan y, en algunos países, los hogares homoparentales. Una posible solución a esta situación consistiría en establecer incentivos para promover un reparto más equitativo de las responsabilidades dentro de los hogares.

Figura 1. Días/horas dedicadas por empleado al trabajo remunerado y no remunerado en 23 economías en desarrollo y 23 economías desarrolladas, por sexo

Fuente: Naciones Unidas, citado en OIT, Las mujeres en el trabajo: Tendencias de 2016, Ginebra.

Las innovaciones de las administraciones de la seguridad social

Las administraciones de la seguridad social, guiadas por políticas apropiadas, constituyen actores proactivos capaces de prevenir y mitigar una amplia gama de riesgos. A fin de garantizar una protección social adecuada para todos, los datos recientes indican que las administraciones cuentan con cuatro esferas de intervención.

La cobertura jurídica de las prestaciones existentes puede ampliarse a todas las mujeres y los hombres. Las medidas, que deberían incorporar una dimensión de género, pueden adaptarse a tipos concretos de trabajo, tanto remunerados como no remunerados, y a distintos grupos de ingresos.

La adecuación de las prestaciones existentes puede reforzarse teniendo en consideración la situación financiera de las mujeres y las diferencias persistentes en las funciones que desempeñan las mujeres en la economía doméstica y en el mercado de trabajo. Por ejemplo, la mejora del acceso a unas prestaciones de salud y pensiones suficientes deben tener en cuenta las consideraciones de género.

Se pueden introducir nuevos tipos de prestaciones. En muchos países, existen posibilidades de introducir nuevos tipos de prestaciones que pueden ayudar a mejorar la situación de la mujer en contextos que con frecuencia están profundamente marcados por las condiciones socioculturales y de género. Como parte de esta solución se deberían incluir las prestaciones relativas a los cuidados, así como las de maternidad y familiares. Unas medidas innovadoras pueden ayudar también a modificar las perspectivas socioculturales y tratar de influir en las prácticas en el mercado de trabajo. La licencia de paternidad, como parte de la licencia parental, es una de las prestaciones para las que es necesario reforzar el acceso y alentar a los progenitores a que hagan uso de la misma.

La administración se puede mejorar. Es imposible lograr una cobertura efectiva para todos si no se cuenta con una administración de seguridad social competente. Los principales puntos fuertes de las administraciones de la seguridad social residen en su capacidad para eliminar obstáculos y hacer posible la introducción y el otorgamiento de prestaciones para mujeres y hombres. Esta realidad está recogida en las Directrices de la AISS para la Administración de la Seguridad Social, que son un aspecto importante de los servicios que presta la Asociación mediante su Centro para la Excelencia. No obstante, la capacidad de las administraciones para influir en las políticas públicas va más lejos.

Teniendo en cuenta las estimaciones que indican que el trabajo de cuidados no remunerado realizado por las mujeres supera el 10 por ciento del PIB, no hay duda de que la incorporación de la perspectiva de género es una cuestión fundamental.

La función transversal de las administraciones de la seguridad social debe contar con la cooperación de otros organismos para impulsar la orientación más general de las políticas. En muchos países, esta función consiste en facilitar el acceso de las mujeres a los mercados de trabajo y a los servicios financieros y de educación, así como en posibilitar que más mujeres adquieran conocimientos sobre las tecnologías de la información. Además, la seguridad social puede apoyar activamente los derechos de las mujeres y contribuir a la erradicación de los abusos, la explotación y la discriminación.

La unión de estos esfuerzos promueve la consecución de una seguridad social para todos y el desarrollo adecuado a largo plazo de regímenes nacionales de seguridad social. Con ocasión del Día Internacional de la Mujer de 2017 que celebra la comunidad mundial, los sistemas de seguridad social de todo el mundo demuestran que “se atreven con el cambio”.

Fuente: AISS. 2017. Family, gender and social security (Serie Megatendencias). Ginebra, Asociación Internacional de la Seguridad Social.


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