Photo: J. Maillard/ILO
Además de la importancia que tiene para la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), el tema de este año reconoce también el énfasis creciente que los programas de seguridad social ponen en intervenciones prospectivas y más tempranas, capaces de mejorar las vidas de las personas con discapacidad.
Específicamente, la seguridad social tiene que desempeñar determinados papeles en la prevención de discapacidades, en la prevención del agravamiento de las discapacidades existentes, así como en un apoyo proactivo a la rehabilitación y la reintegración de las personas con discapacidad a la fuerza de trabajo y a la sociedad en general.
Desde la celebración del primer Día Internacional de las Personas con Discapacidad en 1992, las expectativas en torno a los papeles que debían desempeñar los programas de seguridad social a la hora de atender las necesidades de los discapacitados han evolucionado. Ya no se sigue aceptando universalmente que se concedan prestaciones en efectivo por una discapacidad evaluada, con pocas expectativas –o más bien ninguna– de que a los beneficiarios se les ayude a regresar al mercado de trabajo.
Asimismo, han evolucionado las expectativas referentes a los papeles que los discapacitados pueden desempeñar en la sociedad. Ahora la tendencia está centrada de forma positiva en la evaluación de las capacidades restantes de esas personas discapacitadas para trabajar, en lugar de evaluar únicamente la extensión de la incapacidad.
En consecuencia, muchos sistemas de la seguridad social han modernizado el diseño y la administración de los programas de prestaciones de discapacidad, poniendo cada vez mayor énfasis en un enfoque centrado en el cliente analizando caso por caso, con vistas a favorecer el entrenamiento, la rehabilitación, la empleabilidad y la capacidad de acción de los beneficiarios discapacitados.
La experiencia demuestra que una intervención temprana para evitar que las personas con discapacidad evaluada abandonen por completo la fuerza de trabajo –o para reintegrar a las personas al trabajo tan pronto como sea posible una vez que dejan de percibir la prestación de discapacidad– es más eficaz que las intervenciones destinadas a perceptores de prestaciones de larga duración. Sin embargo, es necesario considerar cuidadosamente, caso por caso, la interacción de las prestaciones de discapacidad con otras prestaciones de la seguridad social, para asegurarse, cuando corresponda, de que no se produzcan desincentivos para el regreso al trabajo o la permanencia en él.
Pero aún se requieren más cambios.
Esta necesidad está demostrada por cifras elevadas y crecientes de perceptores de prestaciones de discapacidad en muchos países, bajos niveles de empleo entre las personas con discapacidad, así como cambios en la naturaleza y las tasas de discapacidad entre los grupos poblacionales, con una incidencia al alza de los problemas de salud mental y una creciente incidencia en los trabajadores jóvenes.
A su vez, el envejecimiento de la población plantea desafíos adicionales. El envejecimiento y la incidencia de la discapacidad se correlacionan positivamente con casi todas las patologías. Por tanto, el envejecimiento de la población conlleva desafíos para los programas de discapacidad y el mercado de trabajo, probablemente con mayores demandas de prestaciones y asistencia médica, junto con una potencial escasez de mano de obra calificada en algunos sectores de la economía.
Para la política pública, el desafío referente al diseño y la provisión sigue siendo la introducción de medidas integrales y adecuadas para apoyar a las personas con discapacidad, para facilitar los cambios en el diseño del espacio de trabajo, para ayudar a los empleadores a conservar y ofrecer empleo a personas con discapacidad y para apoyar a los programas de la seguridad social en la puesta en práctica de programas de prestaciones de discapacidad sostenibles y eficaces, así como de políticas de retorno al trabajo y de rehabilitación.
“En definitiva, el objetivo consiste en crear una situación beneficiosa para todas las partes interesadas”, destacó Hans-Horst Konkolewsky, Secretario General de la AISS.
El propósito es procurar que personas con una discapacidad evaluada reciban ayuda pronto para que puedan permanecer en el trabajo o regresar al mismo, a la vez que el diseño proactivo de los programas de seguridad social pueden estimular a los empleadores para que conserven a los miembros calificados de su fuerza de trabajo. Al reducir la necesidad de prestaciones y procurando aumentar la productividad de la fuerza de trabajo, se fortalecerán las finanzas de los programas de seguridad social.
Gracias a la labor de las Comisiones Técnicas y Especiales de la AISS, de las organizaciones miembros y también de la colaboración internacional con interlocutores como Rehabilitación Internacional y el Consejo Internacional de Normas de Gestión de la Discapacidad , la AISS está identificando buenas prácticas administrativas que apoyan los objetivos de las organizaciones de la seguridad social destinados a gestionar mejor los programas de prestaciones de discapacidad y a poner en práctica medidas para contribuir a la rehabilitación y la reintegración, lo que significa para muchas personas recuperar la capacidad para regresar al trabajo.
La transición epidemiológica que está en curso en muchos países, con un aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles, ilustra el carácter dinámico de la discapacidad en la sociedad. Actualmente esto se evidencia en cómo la crisis mundial, por ejemplo, ha causado un incremento en los asuntos relativos a la salud mental. En consecuencia, es natural que exista una necesidad de que los programas de prestaciones de discapacidad evolucionen. Las organizaciones de la seguridad social han demostrado efectivamente que son capaces de adaptarse a los nuevos desafíos y que, con el apoyo de la AISS, pueden continuar perfeccionando los instrumentos necesarios para anticipar y mitigar los desafíos actuales y futuros que se plantean respecto a las prestaciones de discapacidad y otros programas.