En la Declaración se hace referencia directamente y de forma muy importante a la seguridad social. Sus dos principales disposiciones son los artículos 22 y 25. En ellos se proclama que «toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social». Más concretamente, el derecho que se reconoce está relacionado con la atención médica, los servicios sociales, el «derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad».
La contribución de la Declaración Universal es fundamental: desde 1948 el derecho a la seguridad social figura entre los derechos humanos. Se reconoce ese derecho a toda persona, sin discriminación, e independientemente de su condición. Se trata de una cuestión de dignidad y valor de la persona humana. Cualquier persona, en cualquier parte del mundo, puede sufrir un deterioro en su salud, puede quedarse sin empleo; unos fundan familias, otros envejecen. Todos, en algún momento de su vida, necesitan protección. El objetivo de la Declaración es mostrar que somos más fuertes si afrontamos juntos los riesgos de la vida. El respeto de la dignidad está vinculado a la solidaridad.
La Declaración Universal está reforzada por otros instrumentos de las Naciones Unidas: todos ellos confirman que el derecho a la seguridad social forma parte de los derechos humanos y excluyen toda discriminación. Esos instrumentos son de tipo convencional, sujetos a procedimientos de control. De este modo, la Declaración gana en valor, pero es un valor que se debe concretizar.
Los anteriores principios adquieren todavía mayor importancia en el mundo actual: gracias a ellos se confiere un carácter más humano a la globalización, se conjuga mejor la innovación y la preocupación por el prójimo, se tienen más en cuenta las migraciones internacionales, se afronta de forma positiva la mayor duración de la vida. En los planos humano y social es indispensable concretizar el derecho a la seguridad social, ya que de este modo se logran efectos positivos en la economía, la productividad y la aceptación de los cambios.
¡Para la mitad de la población mundial, el derecho a la seguridad social no existe! Así pues, hacer realidad este objetivo indicado en la Declaración Universal es uno de los mayores desafíos del planeta para el siglo XXI. Implica una mayor solidaridad entre los Estados y en el plano internacional. En su sexagésimo aniversario, ¡la Declaración Universal nos invita apremiantemente a pasar a la acción!
Prof. Pierre-Yves Greber, Universidad de Ginebra (Suiza), ex presidente del Comité de Redacción de la Revista Internacional de Seguridad Social .