Sólo en los Estados Unidos, el valor de los activos de los planes de pensiones ha descendido en cerca de 4 billones de dólares estadounidenses; de ellos, la mitad se encontraba en planes de prestaciones definidas. Las consecuencias de la crisis financiera están generando una recesión económica que afectará a los programas de seguridad social de un modo más general, no sólo a través de la reducción de los ingresos (ingresos por cotizaciones y fiscales más bajos) y mayores niveles de desempleo (y, por tanto, un incremento del gasto en prestaciones por desempleo).
No resulta sorprendente que surjan preguntas tales como: ¿Hasta qué punto será afectada la provisión de seguridad social? ¿Deberían los fondos de pensiones seguir dependiendo de manera considerable de los mercados financieros? ¿Cuáles serán las consecuencias a largo plazo en la sostenibilidad financiera de los programas de seguridad social?
Alimenta una inquietud compartida el hecho de que la crisis financiera mundial afecte negativamente a los programas de seguridad social. En una pequeña muestra de organismos de seguridad social nacionales que dependen de fondos de reserva para ayudar a financiar regímenes de reparto de pensiones (Gráfico 1), la mayor parte sufrió rendimientos negativos en 2008 que oscilaban entre -7,7 y -17,3 por ciento.
Estas cifras coinciden en gran medida con los datos de la OCDE sobre fondos de pensiones en países industrializados que muestran una tasa real de rentabilidad que se sitúa entre el -2.5 y el -33.4 por ciento (Gráfico 2).
Las pérdidas de valor de los fondos que están en poder de regímenes de pensiones de cotización definida tendrán una repercusión directa sobre las prestaciones de jubilación, en particular para quienes se encuentren en una edad cercana a la jubilación. La magnitud del impacto dependerá de la naturaleza de la pensión que se espera percibir: la principal fuente de ingresos puede proceder de fondos de pensiones (con frecuencia privados) o de una pensión de vejez de la seguridad social pública. En el primer caso, pueden surgir cada vez más preguntas respecto a la conveniencia de que la protección de las personas de edad avanzada dependa principalmente del rendimiento del mercado financiero.
En la mayor parte de los países que dependen en general de regímenes públicos de prestación definida (Gráfico 3), la crisis tendrá una repercusión diferente. A diferencia de los países que cuentan con planes de cotización definida, los efectos sobre los regímenes de prestación definida serán indirectos. Sin embargo, esto requerirá una nueva evaluación de la sostenibilidad financiera de estos regímenes. A corto plazo, serán otros programas de seguridad social los que tengan que superar los retos inmediatos de la desaceleración económica y hacer frente a las crecientes necesidades sociales que ésta genera. Los programas de prestaciones por desempleo serán los primeros: según un cálculo preliminar realizado por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), el desempleo a nivel mundial podría aumentar en 20 millones hasta el final de 2009. Los cuidados de salud y los programas de prestaciones familiares también deberán adoptar medidas que contribuyan a mitigar los efectos negativos de la crisis.
Considerando todo lo antes dicho, la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS) tiene previsto organizar en 2009 una reunión conjunta con la OIT para evaluar las posibles repercusiones de la crisis financiera sobre los programas de seguridad social y, en particular, sobre las organizaciones miembros de la AISS. Para ello, ya se ha puesto en marcha un estudio a nivel mundial.
Mientras esperamos las conclusiones de dicho estudio, y a pesar de una acuciante necesidad de estudiar y analizar aún más las repercusiones de la crisis financiera sobre la provisión de seguridad social, hay algunos aspectos que ya han quedado claros. En los países que dependen principalmente de fondos de pensiones, la crisis financiera tendrá un impacto negativo directo en quienes se encuentren en una edad cercana a la jubilación. No obstante, en la mayor parte de los países no hay motivo para alarmarse, en particular en aquellos casos en los que los fondos se han gestionado adecuadamente atendiendo a los “principios de prudencia”, tal como se ha establecido en las Directivas para la Inversión de los Fondos de la Seguridad Social de la AISS. La crisis financiera está llegando ahora a la economía real, lo que tendrá una repercusión negativa en los niveles de empleo. Por tanto, será necesario realizar esfuerzos adicionales para proteger a los desempleados y fomentar el empleo. En muchos países ya se ha brindado ayuda al sector financiero. En coordinación con estas medidas, lo que ahora resulta necesario es proporcionar la ayuda adecuada al sector social de un modo similar.
Más información:
Directivas para la Inversión de los Fondos de la Seguridad Social >>
(AISS, Informe Técnico 13)