Las sociedades contemporáneas han experimentado cambios importantes que han dado lugar a nuevos riesgos sociales. Esos cambios están relacionados con la estructura de la población, en la cual el envejecimiento ha pasado a ser un fenómeno universal: las personas de edad representan más del 20 por ciento de la población en los países desarrollados, y casi el 10 por ciento en los países en desarrollo. Además, el ritmo de envejecimiento de la población se está acelerando, especialmente en los países en desarrollo, y se estima que de, aquí a 2050, el 79 por ciento de las personas de edad vivirán en estos países. Los cambios también afectan a las estructuras familiares. De este modo, el modelo tradicional de familias ampliadas va quedando cada vez más relegado a un segundo plano respecto de la familia nuclear, monoparental o reconstituida: el porcentaje de familias monoparentales en el conjunto de los hogares con hijos oscilaba en 2000 entre el 18 y el 29 por ciento en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La condición de la mujer evoluciona y su participación en la fuerza de trabajo no deja de aumentar (más del 50 por ciento en los países desarrollados y alrededor del 40 por ciento en los países en desarrollo), lo cual exige un nuevo reparto de los papeles entre el hombre y la mujer. Por otro lado, el carácter estructural que ya tiene el desempleo constituye otro gran desafío.
Es importante señalar que los anteriores cambios afectan a todos los países, sin excepción, aun cuando la magnitud de los cambios difiere de un país a otro y depende del nivel de desarrollo económico y social. La exclusión, que afecta más concretamente a los niños, pasa a ser de este modo, incluso en diferentes niveles, un fenómeno social universal.
Tales cambios no sólo tienen repercusiones en las políticas sociales, sino que suponen, además, una amenaza a los sistemas de seguridad social y a su equilibrio financiero a largo plazo.
Los principales desafíos a los que deben enfrentarse las políticas familiares actuales se relacionan con las dos cuestiones fundamentales siguientes:
Lo anterior es especialmente pertinente en la medida en que sólo si se dispone de una generación joven, en buena salud y bien instruida, y si cada vez es mayor la participación de las mujeres y los jóvenes en la vida activa, se podrá asegurar la viabilidad financiera a largo plazo de los sistemas de seguridad social.
Con este fin, el examen de los cambios en la estructura familiar y del papel de las políticas familiares en la lucha contra la exclusión y la pobreza, especialmente en lo que concierne a los niños, así como de la conciliación entre el trabajo y la vida familiar y la facilitación del acceso al mercado de trabajo a las mujeres y los jóvenes, en un contexto socioeconómico cambiante, podría contribuir a identificar las innovaciones, las enseñanzas y las buenas prácticas en materia de políticas familiares.
Sólo las organizaciones invitadas podrán participar en el evento. Encontrará mayor información a este respecto en la Extranet de la AISS.